Ley dura, pero Ley (Relato corto)

Cuentos CortosLey dura, pero Ley
(Relato Corto)

Yo no pienso cometer ningún delito, por tanto la ley está de mi parte. ¡Qué pensamiento tan sencillo! Es una forma de vida cómoda y simple. Es una filosofía fácil de entender y de asumir. Puede ser el principio de la felicidad. Lástima que para poder llevarla a cabo sea necesario suprimir a todos los que no están de acuerdo con ella. Pero para eso cuento con la ley misma.

He denunciado al que estacionó su coche en doble fila, al que me devolvió dinero de menos en el cambio tras una compra, al que me vendió de menos en el peso de un kilogramo de carne, al que me insultó por denunciarle por el mal aparcamiento de su coche, al que pintó su puerta de color distinto del resto de vecinos, al que arrojó basura ante mi puerta, al que mendigaba en la calle donde vivo, al que fumaba droga en el bar de la esquina, al que producía un ruido insoportable con su motocicleta, al vecino que tenía el sonido de la tele muy elevado, al que se sentó en el cofre de mi coche, al borracho que encontré tendido en la acera, al camarero que vendió una mezcla de ginebra y refresco a un menor de 18 años, a dos niños que estaban fumando, a un señor que arrojó un papel al suelo, a una mujer que hablaba en voz alta en la biblioteca, a un joven que pintaba con un bote de spray en una pared, a un policía que no detuvo a un coche que me adelantó excediendo el límite de velocidad, al coche que me adelantó tan rápido (y del que tomé la matrícula), a la compañía telefónica por cobrarme de menos, a la compañía de la luz por cobrarme de más, otra vez a mi vecino por persistir en su empeño de poner el volumen de la televisión muy alto, a un vendedor ambulante al que pedí la licencia de venta y no me la mostró, a cinco individuos que estaban cantando y gritando como locos bajo mi ventana, a la taquillera de un cine por no tener cambio de un billete grande y negarse a venderme el boleto correspondiente para ver la película, al mecánico del taller de autos que no me dió la factura correspondiente tras la reparación de mi vehículo, a la compañía de transporte publico por hacerme caer, en el interior de un autobús, tras un frenón brusco, a un señor que estaba fumando en una zona para no fumadores…

En fin… Creo que contribuyo a que la vida sea más fácil para todos aquellos que seguimos los dictados de la ley, ¿no les parece? No tengo muchos amigos, es cierto; pero debe de ser porque aún no me conocen. Quien respeta la ley no puede ser una mala persona.

El escritor José Manuel Fernández Argüelles en su libro “Relatos en corto para lectores inteligentes con prisa” nos regala este magnífico relato en la que nos permite entender lo perdida que está la sociedad actual, cuando nos damos cuenta que cedemos un poco a las injusticias es cuando la brecha comienza a abrirse más y más ¿no lo crees?